martes, enero 25, 2005
perritos vagos?? ...y vo?
Como casi todos los problemas humanos, el tema de los "perros vagos" de Valparaíso tiene origen en su nombre. Perros vagos. Como si la vagancia fuera un elemento cuestionable en el mundo animal. Como si se tratara de una opción de vida de ciertos canes que deciden marginarse de una vida productiva que les habría permitido convertirse en guardianes, carabineros (con rango incluso), lazarillos para ciegos, tiradores de trineos, acompañantes de humanos con vacíos afectivos, etcétera. Porque todos los perros son vagos a menos que se les forme en otra lógica.
Queda claro entonces que más que un asunto de los perros, esta "vagancia" y sus efectos colaterales es total responsabilidad de seres humanos irresponsables. Primero de los que promueven su procreación pero se desentienden de su crianza (todos los perros chicos son lindos). Segundo, de las autoridades sanitarias que no toman cartas radicales en el asunto y de sus pares políticas que se blindan excusándose en que andan más preocupadas de temas bípedos. El Decreto 591 sobre el "control integral de la población canina y tenencia, circulación y protección de los animales domésticos" es letra muerta.
Pues bien, esto podría ser un asunto baladí en cualquier localidad de Chile (un dato más del paisaje) pero no en Valparaíso. Es tal la magnitud de la invasión perruna en las calles (y las mordeduras y la caca y las bolsas de basura mordisqueadas), que los mismos profesionales de la Unesco que alguna vez respaldaron la nominación del Puerto como Patrimonio de la Humanidad, hoy identifican en este asunto un elemento de riesgo para tal condición. Porque para los que no lo saben, ser Patrimonio de la Humanidad es más una tarea que un premio. El comienzo de un cuento y no el final.
De hecho, si no cumplimos con los compromisos con la Unesco hace casi dos años, se complica el destino patrimonial de la ciudad y los US$50 millones del crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Y uno de los compromisos tiene que ver con controlar la población canina que anda por las calles repartiendo mordiscos y garrapatas.
Los "defensores" de los canes reclaman airados se insinúa la posibilidad de exterminar a los perros vagos por vías violentas. Mientras, la Protectora de Animales subsiste casi sin recursos públicos pese a su abnegado rol.
Así las cosas, a juzgar por lo viejo del tema, su actual descontrol y las consecuencias patrimoniales que podría acarrear, queda claro que los perros no son los únicos vagos.
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Queda claro entonces que más que un asunto de los perros, esta "vagancia" y sus efectos colaterales es total responsabilidad de seres humanos irresponsables. Primero de los que promueven su procreación pero se desentienden de su crianza (todos los perros chicos son lindos). Segundo, de las autoridades sanitarias que no toman cartas radicales en el asunto y de sus pares políticas que se blindan excusándose en que andan más preocupadas de temas bípedos. El Decreto 591 sobre el "control integral de la población canina y tenencia, circulación y protección de los animales domésticos" es letra muerta.
Pues bien, esto podría ser un asunto baladí en cualquier localidad de Chile (un dato más del paisaje) pero no en Valparaíso. Es tal la magnitud de la invasión perruna en las calles (y las mordeduras y la caca y las bolsas de basura mordisqueadas), que los mismos profesionales de la Unesco que alguna vez respaldaron la nominación del Puerto como Patrimonio de la Humanidad, hoy identifican en este asunto un elemento de riesgo para tal condición. Porque para los que no lo saben, ser Patrimonio de la Humanidad es más una tarea que un premio. El comienzo de un cuento y no el final.
De hecho, si no cumplimos con los compromisos con la Unesco hace casi dos años, se complica el destino patrimonial de la ciudad y los US$50 millones del crédito del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Y uno de los compromisos tiene que ver con controlar la población canina que anda por las calles repartiendo mordiscos y garrapatas.
Los "defensores" de los canes reclaman airados se insinúa la posibilidad de exterminar a los perros vagos por vías violentas. Mientras, la Protectora de Animales subsiste casi sin recursos públicos pese a su abnegado rol.
Así las cosas, a juzgar por lo viejo del tema, su actual descontrol y las consecuencias patrimoniales que podría acarrear, queda claro que los perros no son los únicos vagos.
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